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Análisis macroeconómico

Macroeconomic Review

    El crecimiento del PIB mundial va camino de acelerarse hasta el 3,6% en 2017, ligeramente por encima de las estimaciones iniciales. Esto se debe a que, en términos generales, las tasas de crecimiento han superado las expectativas durante el 3TR17. El rebote en las tasas de crecimiento trimestrales se observó no solo en las economías desarrolladas, sino también, de forma alentadora, en las emergentes, donde llevaban desacelerándose desde 2013, quedando así rezagadas en términos relativos frente a la evolución de las economías desarrolladas.

    Un factor decisivo - a la par que sorprendente - para ello ha sido el estable crecimiento de China durante el pasado año, si bien se apreció una cierta moderación en el 2SEM17. Asimismo, otras grandes economías emergentes que estuvieron en recesión en 2016 han rebotado notablemente, como es el caso de Brasil y Rusia. Muchas otras economías emergentes de menor tamaño han batido las expectativas, especialmente en Asia y Europa emergente (donde algunas van camino de alcanzar tasas de crecimiento superiores al 6% en 2017, incluida Turquía; se espera que la mayoría de estas economías baje un poco el ritmo respecto a estos porcentajes tan sólidos en el próximo año).

    Con todo, aún más importante es que, ahora que 2017 queda atrás, se prevé que el crecimiento mundial continúe acelerándose en 2018 hasta el 3,7%, según las previsiones de consenso. Aunque pueda parecer una aceleración modesta, resulta significativo que constituirá el mayor ritmo de crecimiento desde 2011, año en el que la economía mundial se expandió a una tasa del 4,3%. En conjunto, parece que el ciclo mundial se prolongará ciertamente hasta 2018. Además, los riesgos para el crecimiento mundial en 2018 presentan un sesgo alcista.

    No parece coincidencia que algunos de los principales indicadores de confianza en varias de las principales economías mundiales hayan registrado sus niveles más elevados desde al menos 2011 en los últimos meses. Esto ha sucedido sobre todo en Estados Unidos y la zona euro. Ello explica probablemente, al menos en parte, que en los últimos meses el crecimiento haya sido revisado al alza en repetidas ocasiones en las dos principales regiones desarrolladas, no solo para 2017 - sobre todo en la zona euro - sino aún más acusadamente para 2018. Aunque los fundamentales no han mejorado hasta el punto de sugerir que las recientes tasas de crecimiento en Estados Unidos y la zona euro resultan sostenibles a medio plazo, en aquel país las perspectivas de inversión a corto plazo sí han progresado, lo que no resulta baladí. Sin embargo, las potentes señales procedentes de la confianza en ambas regiones y la fortaleza del ciclo mundial sustentarían una cierta prolongación durante los próximos trimestres. En este sentido, la recuperación del crecimiento en las economías emergentes representa un gran estímulo para el crecimiento de la zona euro, mientras que los recortes fiscales en Estados Unidos constituyen un acicate para el crecimiento.

    También resulta importante el hecho de que, a pesar de la aceleración en el crecimiento mundial, se espera que la inflación continúe sin dar motivos de preocupación en los próximos trimestres. Las expectativas de inflación a nivel mundial no han dejado de caer desde 2016. En Estados Unidos, anticipamos que la inflación recupere tasas próximas al 2% cuando las distorsiones acaecidas a comienzos de 2017 dejen de afectar a su cálculo; en concreto, estos efectos de base comenzarán a desaparecer a partir de abril de 2018. Con todo, no anticipamos que la inflación suba muy por encima del 2%, como sugiere su relación con anteriores crecimientos del PIB. También existen ciertos riesgos de sobreestimación a corto plazo debido a la reciente ralentización en los costes laborales unitarios. Pero también hay ciertos riesgos de infraestimación - principalmente de cara al 2SEM18 o comienzos de 2019 - que podrían venir del efecto de los recortes fiscales, por cuanto la economía estadounidense parece estar operando a pleno empleo.

    Por otra parte, la inflación es algo que preocupa todavía menos en la zona euro. Si acaso, la inflación subyacente sigue necesitando confirmar su tendencia alcista, tras pasar los últimos años atrapada en la horquilla del 0,7% - 0,9%. Precisamente consideramos que es por no haber logrado acelerarse por encima del 1% que el BCE sigue manteniendo su posicionamiento expansivo por el momento.

    Por último, creemos que la economía mundial y las principales economías desarrolladas están muy alejadas de un punto del ciclo coherente con recesiones anteriores. Esto se traduce en una brecha de la producción mundial prácticamente cerrada (en torno al 0%), quedando así muy alejada de los niveles ampliamente positivos alcanzados en 2007. Aun así, cabría argumentar que se produjo una recesión en 2000 o que el crecimiento mundial sufrió una ralentización en otros períodos, como 2010, sin dar lugar a una brecha de producción elevada. A nuestro juicio, esto se produjo porque al menos algunas de las regiones principales (desarrolladas o emergentes) estaban operando claramente por encima del potencial definido por una brecha de producción marcadamente positiva. Pero en la fase actual esto no sucede en la brecha de producción de las regiones desarrolladas ni emergentes. No obstante, persisten algunas señales de advertencia, ya que ciertas medidas de la brecha de producción parecen estar más tensionadas en algunos países desarrollados. Esto sucede en Estados Unidos o Reino Unido, donde el diferencial en la tasa de desempleo (otra medida de la capacidad excedente) parece coherente con unas economías que operan más claramente por encima de su potencial.
     

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