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Análisis macroeconómico

Macroeconomic Review

    El PIB mundial continúa avanzando tal como preveíamos en el informe del trimestre anterior, con visos de crecer al 3,5% en 2017, frente al 3,2% en 2016. Aunque esto parece solo un tímido avance, de hecho sería la aceleración más significativa del crecimiento mundial desde 2010. La buena noticia es que, a nuestro juicio, la economía mundial podrá mantener fácilmente un ritmo de crecimiento similar a lo largo del próximo año. Las amenazas que podrían lastrar el crecimiento mundial parecen haber disminuido en los últimos meses y el crecimiento está más sincronizado entre las distintas áreas geográficas. Actualmente existen importantes indicadores cíclicos en el panorama mundial que parecen distar mucho de la zona preocupante, lo cual sugiere que el ciclo durará más tiempo.

    La evolución en los últimos trimestres de la situación financiera de las grandes empresas no financieras con respecto al PIB en algunas principales economías desarrolladas indica que este ciclo aun se alargará más. Esta medida se sitúa en niveles bastante favorables en la zona euro, donde el ciclo económico es visiblemente menos maduro. Sin embargo, incluso en Estados Unidos y el Reino Unido, el indicador se encuentra muy lejos de los niveles que en épocas pasadas han provocado episodios de recesión. En EE.UU., la posición financiera de las grandes empresas sufrió un fuerte deterioro hasta 2015, aunque en los últimos trimestres se ha estabilizado. Otros fundamentales ya señalan que la expansión económica en este país se extenderá fácilmente al 2018, sin un probable final a la vista. Incluso prevemos una ligera aceleración temporal de la economía estadounidense en 2018 debido a la mejoría coyuntural de las perspectivas de inversión empresarial y a la implantación de ciertos estímulos fiscales.

    Otro argumento a favor de un ciclo mundial duradero es la evolución de las brechas de producción entre las principales economías desarrolladas. En cualquiera de estas economías, si nos fijamos en la brecha de producción que muestran parece evidente que el ciclo ni mucho menos está a punto de concluir. La brecha ronda el 0%, una tasa muy inferior al máximo alcanzado en anteriores ciclos expansivos.

    El crecimiento también parece bastante más sincronizado a escala mundial. Un buen ejemplo es la zona euro, donde el crecimiento se ha acelerado y las expectativas del consenso se han revisado al alza. Sin embargo, esto no se debe a la buena evolución de un grupo de países concreto o reducido de la región, sino que se trata de un crecimiento generalizado, con mejoras simultáneas tanto de las economías periféricas como de los países centrales. El panorama mundial parece reflejar este patrón, al ser especialmente baja la dispersión del crecimiento entre las principales economías y áreas geográficas. Otro dato igual de importante es que algunos desajustes globales destacados se encuentran aparentemente bajo control: las diferencias en las balanzas por cuenta corriente de las principales regiones mundiales también son menores de lo habitual.

    También resulta alentador que los riesgos bajistas globales hayan disminuido aparentemente en los últimos tiempos. La economía china está frenando su expansión tras empezar a retirarse los estímulos, aunque parece un proceso bastante gradual y gestionable, especialmente ante la facilidad con que parece que se cumplirán los objetivos de crecimiento fijados por el gobierno. Otro riesgo clave para el panorama global, la escalada de políticas de corte proteccionista producida tras la victoria de Trump en las elecciones estadounidenses del año pasado, parece haberse esfumado en gran medida. A pesar de que la administración estadounidense sigue negociando el NAFTA con sus socios, la retórica más radical parece haberse moderado de forma notable. La desaparición del polémico ajuste de impuestos fronterizos, fruto de la propuesta consensuada de reforma fiscal presentada recientemente por Trump y los líderes republicanos, sería no obstante otra señal que anunciaría un cambio hacia una postura menos proteccionista de Washington.

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